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Bienestar

Estrés

El estrés es la respuesta del organismo a circunstancias vinculadas a cambios. Las situaciones que lo provocan pueden ser muy variadas: familiares, laborales, emocionales...

Una misma situación puede provocar estrés y ansiedad en algunas personas y en otras no.

El estrés está asociado tanto con la aparición de cefaleas tensionales como con las crisis de migraña.

Los dolores de cabeza asociados al estrés son los más comunes. Se considera que más de un 75% de la población sufre en algún momento de su vida este trastorno. Además, el estrés favorece la aparición de migrañas y de cefaleas tensionales que con el tiempo, pueden llegar a ser crónicas.

La respuesta fisiológica al estrés es la secreción de adrenalina, un factor desencadenante de los cambios en las arterias y vasos del cerebro asociados con el dolor. Las personas que sufren migraña suelen ser emocionalmente muy sensibles y por ello, más vulnerables a los trastornos que provocan las situaciones estresantes.

El estrés se asocia con la contractura muscular cervical y craneal que desencadena la compresión de los nervios del cuero cabelludo y causa las cefaleas tensionales.

Las emociones asociadas al estrés, como la preocupación, la ansiedad, la excitación o el cansancio, aumentan la tensión muscular y la intensidad de la migraña o de la cefalea tensional.

Una buena forma de mitigar las molestias consiste en realizar estiramientos, masajes o ejercicios de relajación para liberar la tensión.

Masaje relajante: Empieza masajeando la nuca y los hombros. Luego, sube lentamente por los laterales del cráneo, masajeando muy suavemente los occipitales con los pulgares. Este masaje te ayuda a relajarte y mitiga el dolor.

A nivel preventivo, existe un ejercicio de relajación mediante el control de la respiración, muy fácil de realizar, que te ayudará a aliviar el estrés y la ansiedad. Puedes practicarlo en cualquier situación cotidiana y en cualquier lugar.

  • Exhala con fuerza todo el aire de tus pulmones.
  • Inhala con suavidad contando los latidos de tu corazón hasta que contabilices cuatro segundos. Al inhalar procura ensanchar el vientre, así facilitarás el descenso del diafragma.
  • Aguanta la respiración contando siete segundos de tu corazón.
  • Exhala el aire durante ocho segundos mientras mentalmente, visualizas cómo se libera la tensión de tu cuerpo.
  • Repite la operación hasta que te sientas relajado. Mientras realizas este ejercicio es importante que mantengas la punta de la lengua pegada al paladar para conectar los meridianos de energía de tu cuerpo.

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